Basado en las obras de Lewis Carrol: Alice in Wonderland & Through looking glass
Sumida en mis pensamientos, sentada en el piso sostenida por mi espejo de cuerpo completo, dejando todo mi peso caer mientras que en brazos tenía y acariciaba a la ya vieja Dinah que llevaba días sin moverse, fría y tiesa… debe estar muy cansada para seguir durmiendo…
Ya diez años tiene que fui por primera vez a Wonderland… y desde entonces cada vez se me dificulta más entrar, recurriendo a extraños polvos de hadas que me hacen viajar y llegar cada vez más allá de mi mente y cordura… pero hay algo mal, lo he notado, cada que vuelvo a ese país de maravillas parece ser un lugar más fúnebre, sepulcral y roto, con extraño cielo que de ser un zafiro cristalino, ahora parece una amatista pútrida y opaca; las grandes praderas de pasto verde ahora son sólo desiertos vacíos que cada vez cubren más con su arena los bellos bosques que alguna vez llegué a ver, sus habitantes… ¡Oh! Frágiles marionetas controladas por mi ahora demente imaginación, algunos ya no están, otros han cambiado más de lo que yo jamás hubiera esperado. Por ejemplo el sombrerero: ahora bebe los sueños perdidos de su mundo, se rumora que exprimió a la liebre de marzo, sacándole cosas tanto físicas, como internas, es la magia de aquel loco, bebiéndolo todo con el lirón… pero nada se comprobó cierto, o el gato de Cheshire que ahora su sonrisa invade más su rostro saboreando la perdición. Escuché recientemente que la duquesa se cambió a su dichosa mina de mostaza, yo ilusa pensaba que era un vegetal; por último, mas no menos importante, ni la única sobreviviente, la reina de corazones, más que frívola, ahora es una sínica, tomando prisioneros a diestra y siniestra, antes nadie le temía en verdad, todos sabíamos que nunca cortaría una cabeza, pero ahora no se conforma por cabezas, gusta y se excita de destazar cuerpos enteros y saborear miembro por miembro de aquellos que alguna vez fueron habitantes de este lugar; esto empezó a suceder cuando todo tipo de vegetación comenzó a desaparecer… y tal vez de ahí el sombrerero fue que agarró ciertas costumbres… Pero no miro atrás, me gusta ir a escaparme al ahora “Nightmareland” pues es la forma más rápida y fácil de disfrazar mi realidad.
De mi vida como reina en el tablero de ajedrez al otro lado del espejo no habría mucho que decir, al igual que para ir a Wonderland, atravesar el espejo se me ha ido complicando con los años, hay ocasiones que por más que me azoto en contra del espejo, esperando salir del otro lado… no lo hago, necesito absorber la esencia de una piedra habitada por gnomos para ir a mi reinado a masacrar peones. Hace poco tomé el cargo de reina blanca, pues parece que ha muerto, y la reina roja ha desaparecido, lo que por un instante me recordó a Kitty, aquella gata fácil que le levantaba la cola a cualquier gato, que embarazada se fue de la casa… seguro algo similar pasó con la reina roja, se notaba que tenían el mismo carácter… Y con mi cargo de reina blanca ahora es más fácil meterse a la pelea en el juego, a pesar de que las fuerzas contrarias hayan perdido a su reina, no se les debe mostrar piedad a ninguna de sus tropas, acuchillándolos cuando tengo que conquistar una casilla. Lo peor que me ha pasado fue acuchillar a cierto caballero que no tenía claras las cosas, yo no tenía muy claro a que bando pertenecía, por lo que fue fácil degollarlo… después de eso siguió Humpty Dumpty, un personaje patético que no contribuía al juego, era mejor que desapareciera de una buena vez, y lo mismo haría con aquellos gemelos, pero me he contenido pues he notado que mis propios peones ya me tienen miedo… no entiendo el por qué, no he cambiado tanto físicamente, mis rizos dorados, soy alta y delgada, tal vez es por mi forma de vestir, con vestidos acampanados más arriba de la rodilla, completamente negros, unas botas de cuero y un gran moño de la misma escala de grises en mi cabeza, no veo nada extraño en mi atuendo para que me teman de tal manera.
Dejando a un lado la decadencia de ambos planos… siempre me he preguntado como podría mezclar ambos mundos…. Tal vez si atravesara el espejo mientras que las hadas me envuelven con su polvo al mismo tiempo… llegue a un mundo tan extraño con los gemelos saludando al sombrerero loco (nota: avisarle a los gemelos que no se acerquen mucho a él), o un lugar en el que la reina de corazones tenga que compartir su reino con alguien como yo… seguro podré matarla y dominar ambas dimensiones… no sonaba nada mal aquel deseo de avaricia.
Me levanté poniendo a mi tiesa Dinah en la cama, tomando la piedra de gnomos, mientras que buscaba la bolsa con pequeños polvos blancos mágicos. Lista me coloqué en frente del espejo, respirando profundo… estaba feliz, aquellos utensilios blancos siempre me hacían sonreír y empezar a ver mis mundos. Corrí contra el espejo, pero este se iba alejando, una extraña sensación me pasó por la mente, como si hubiera pasado al balcón de mi recámara, pero no le presté atención, seguía a lo lejos viendo mi reflejo y a todas mis creaciones llamándome con la mano y gritos, querían que ya fuera a saludarlos y con una sonrisa en el rostro avance más y más, empecé a sentir mi cuerpo volar y como caía poco a poco… llegaría con ellos de una u otra forma.
Enigmáticos imágenes se encontraban en mis revueltos recuerdos, perdí la identidad aquel día que no sé como explicar. Volteé a diestra y siniestra. Era la única persona fuera de casa en ese momento, a juzgar por la luna era ya la madrugada y yo, tirada en el pasto que envolvía mi desnudo cuerpo no sabía que hacer. Me levanté con gran dificultad intentando vislumbrar alguna memoria, lo que fuera, nada salía de mi mente.
Toqué mi materia de manera lenta, vagamente sabía que era yo una mujer, una chica… pero con nombre irreconocible. Mi cuerpo comenzó a caminar lentamente a la ventana de la casa próxima, me asomé y ni un alma parecía vagar en la sala, con gran agilidad escalé para echar un vistazo en los dormitorios de la planta alta: nada había, únicamente un olor fétido que infiltraba mis fosas nasales.
–Meow… – pronuncié lentamente rompiendo uno de los vidrios con mi puño, avanzando sutilmente, procurando no crear la ni la mínima acústica.
El aura oscura de la casa dominaba el sentido de mi vista, decidí guiarme más por el instinto llegando a un enorme armario. Sonreí esculcando las pertenencias, increíblemente todas ellas parecían quedarme a la perfección, empezando por colocarme la ropa interior y escogiendo el atuendo que llevaría.
–Nya… – susurré tallándome un ojo con el puño, saqué una falda extremadamente corta con un patrón cuadriculado de color negro con rojo, una sudadera gigantesca color negro que llevaba una capucha con unas orejas de neko color rojo.
Me quedé quieta, ¿Ahora qué haría? No se me ocurría como descubrir mi verdadera identidad. Sentada observando la luna comenzaba a reír, imaginando que yo podría estar ahí un día, sería divertido subirme con la liana de estrellas, cabalgar los desiertos azulados y llegar al castillo lunar, probablemente ahí pertenecía mi cuerpo, mi alma, mi materia, mi esencia. Un gran escándalo me sacó de mi profundo pensamiento, me asomé rápidamente y ahí estaban, un grupo de muchachos que iban divirtiéndose con unas chicas. Caminaban de forma presuntuoso, con bebidas en mano y caras sonrojadas… Algo estaba mal en ellos, no es que me importaran mucho, uno de ellos es el que llamó mi particular atención, de cabello negro y alborotado, cuerpo formado, y el que podría presumir de estar más intoxicado.
–¡Vamos Bou! – gritaban todos mientras que se detenían y aquél se empezaba a empinar la bebida.
–Meow… - pronuncié lentamente saliendo de mi escondite dejando la vista en él, me interesaba, tenía el presentimiento de que él sabía quien era yo… Una gran, gran, sonrisa se iluminó en mi rostro.
El tiempo pasó, aprendí el comportamiento normal de las personas viendo desde mi pequeño cuarto, caminar correctamente, hablar correctamente, ser correctamente. Cada día practicaba en frente del espejo, nada de eso me hacía feliz, nada de eso me satisfacía, pero lo aprendería con tal de conocer al chico Bou. Con una sonrisa en el rostro salí en mi primer día a la calle.
Paseaba por el pequeño pueblo mientras que las señoras hablaban mal de mi vestuario, las chicas me veían y me envidiaban, los muchachos… bueno, era bastante lógica la respuesta de su parte. Pero ninguno de ellos me importaba, quería saber donde estaba él. Lo encontré.
Me acerqué al chico que yacía sentado fuera del hospital de enfermos, me agaché y le ronronee.
–¿Qué haces? – preguntó un poco disgustado, notando como cada vez me acercaba más a él.
–Meow – repetía yo mientras que le empezaba a lamer un poco la mejilla.
–Bueno, sé que mi atractivo te debe llamar la atención, pero no es para que te pongas así, me podrías invitar a salir y ya.
–No, no es tu atractivo, me encanta como hueles… me recuerda a mis viajes en un país lejano, diferente, a este. Cada que te adentrabas en el cuarto de la reina tenía este olor a… oscuridad.
–Pues, eso no me halaga, con permiso.
–Bou, algo en ti tienes, gustaría yo de decir que sólo oscuridad es, ¿Sabrás que será? Descubrir tendrás que, con ayuda del gato de Cheshire lo encontrarás.
–¿Encontrar qué?
–¿El qué de qué?
–¿Qué?
–¿El qué de qué con qué?
–No tengo porque estarte soportando… Hasta pronto.
–Lo intentas, sé que lo intentas… ven y da un vistazo al otro lado… no te dejaré ir sin una respuesta. – sonreí, se detuvo él por un momento, pero siguió su camino. – Hasta pronto.
Me fui contenta, le había caído bien, lo sentí, ahora sólo faltaba adentrarme más en su sentir, pronto descubriré porque huele así, será divertido estar aquí…
Advertencia: Este texto contiene material inapropiado o que puede parecer ofensivo para algunas personas.
-Relaciones sexuales
-Incesto
-Relaciones homosexuales
-Sadomasoquismo
Nombre: Mime Fest
Edad: 18 años
Hada: Belle
Familia: Valverde
Arma: Arpa
Canción: Survive ~ Takeharu Ishimoto - -Before Crisis & Last Order- Final Fantasy VII
El hijo de la más famosa y poderosa mafia de la región del sur, crecido entre violencia, engaños, guerras, abusos, opresión. No podía culpar a su padre por lo que le pasaba, nunca lo intentó, nunca siquiera lo pensó, sus males eran casi todos a causa de su hermano mayor, Benetnasch.
Sin duda eran dos chicos relevantes dentro de la familia Fest, el mayor: rubio, con gran locura y demencia en su ser estaba siendo entrenado para ser ágil, engañoso con armas blancas. Mientras que el menor era de cabello negro y largo, más prudente, retraído, callado, estaba siendo especializando en el soporte usando melodías con propiedades arcaicas que pudieran ayudar a sus compañeros.
–¡Belle! – gritaba y corría entre los pasillos un chico de catorce años en el cuartel buscando a su pequeña hada de tonos rojizos que siempre estaba a su lado.
–Hermano, hermano, hermano, siempre llevas tanta prisa... – susurró una voz detrás de él tomándole por las caderas aprisionándolo.
–Ahora no Benetnasch, por favor, no encuentro a Belle.
–Ah... no te preocupes por tu pequeña hada, yo te la daré en el momento adecuado, sólo necesito que me hagas un pequeño favor – contestó el rubio lamiendo el oído ajenoo provocando un sonrojo en el menor.
El hermano mayor había encontrado una manera de controlar a Mime, le escondía a su única amiga, a Belle, su conciencia, su alma, su arma, sabía que sin la pequeña no podía hacer nada, ¿Para qué? Para satisfacer las necesidades carnales que el mayor tenía, privando al menor de su pureza a los doce años… pero la situación se le salió de las manos, toda la locura del mayor empezaba a infiltrarse en todos los aspectos de su vida, incluyendo así la enfermiza relación sexual con su hermano.
–Sólo… quédate quieto, no te va a doler mucho, te quiero escuchar gritar y llorar – reía de manera escalofriante mientras que los gemidos y gritos se hacían escuchar, pasaba sus cuchillos por el rostro ajeno haciendo cortadas a diestra y siniestra.
–Por favor hermano, ya… por favor. . – pedía el pequeño entre cada lágrima.
–¡Cállate! Me desconcentras…
–No por favor…
–¡Qué te calles! – gritó clavando el cuchillo en el ojo izquierdo del menor haciendo que este soltara un grito que podría arrebatar lágrimas a cualquier ser humano con sentimientos.
–Ya por favor… por favor, haré lo que pidas…
–¡No entiendes! – volvió a su locura clavándole el cuchillo en el otro ojo marcando su territorio y haciendo ejercer su voz de una manera por de más violenta.
Ese fue el último día que Mime pudo ver, Belle, el hada de Mime, se encargó de curarlo y tratarlo, pero… nada se pudo hacer por los ojos del joven mafioso. Lo que pudo lograr es que su hermano se alejara de él por cierto tiempo… por dos años.
–¿Qué más quieres de mí? Me quitaste la vista, dejaste mis ojos en blanco… ¿Qué más buscas? Mi dignidad me la arrebataste antes que los ojos.
–No digas eso Mime… todavía tienes muchas cosas que pueden hacer divertidas nuestras noches… – rió.
El menor negó con la cabeza, pensó que no había algo peor, pero existía. Belle fue aprisionada en pequeñas cadenas y la única manera en la que podía salvarla era cooperando con Benetnasch en lo que pidiera.
Entre un vórtice de dolor y excitación se liberaban ambos cuerpos, nada se salió de control, filosos cuchillos se deslizaban por el cuerpo del menor, nada nuevo, nada que le dejara cicatrices, sólo eran heridas que hacía que la sangre se deslizara para alimentar la locura del otro… Sin previo aviso Benetnasch le clavó un cuchillo en el cuello, justo en el centro mientras que Mime intentaba soltar un grito, pero mientras más lo intentaba más ardor era el que sentía.
La noche terminó y Belle fue a su lado, curándole las heridas y cociendo un poco la herida que dejó el mayor, sacando el cuchillo… Mime ya tampoco podía hablar, debido a una grave lesión en las cuerdas vocales, eso había sido lo último, ya no soportaría más tanto maltrato, espero mucho tiempo, tenía la esperanza de que su hermano cambiaría, pero la enfermedad que lo envolvía podía más que el lazo familiar.
En menos de una semana abandonó el cuartel, no avisándole a nadie, con una venda en los ojos y sin voz alguna, Belle era su única guía, su amiga, su arma…
Vagó sin rumbo hasta llegar a la ciudad de Rune, había escuchado bastante de ella, sobre todo de la guerra que se empezaba a suscitar en el lugar, decían que una lucha de mafias se desencadenaba cada que la luna cubría el lugar, quien ganara de todos ellos podía pedir un deseo, cualquiera que este fuera.
Habían pasado ya unos meses en su nuevo hogar cuando decidió que era hora de unirse a la batalla, había estado entrenando en todo tipo de artes, ahora ya no sólo daba soporte, tenía ya la habilidad de manejar con sus cuerdas a todo tipo de cadáveres, la habilidad más útil que había aprendido era la telepatía… Salió a buscar una mafia a la cual unirse, había estado investigando y le interesaba una chica, una cantante que parecía tener sus secretos, salió de la habitación que rentaba y se dirigió a un centro nocturno.
Las luces destellaban en el lugar, una cantante hacía que el público se levantara y bailara, por la forma en la que aclamaban su canto podía asumirse que era bastante popular en el lugar, era ella.
–¡Mia, Mia! – gritaban todos con gran emoción hasta que el espectáculo terminó… era la hora de atacar.
Se dirigió en silencio a los camerinos encontrando el cuarto de la chica ahí, entró con gran discreción dando un gran suspiro.
–Ah…. Hola… – mandó un mensaje a la cabeza de la chica que estaba presente, Mia de un sobre salto volteó viendo al extraño chico que estaba en la puerta.
–Pasa, pasa – dijo con una sonrisa ayudándole al desconocido que traía los ojos vendados.
–No tengo mucho tiempo para hablar… necesito que me ayudes…
–Eres… ¡Mime Fest, hijo de Cid Fest!
–Parece que me conoces bien…
–Eres bastante famoso entre… tú sabes…
–Eso es lo que te vengo a pedir, no pertenezco ya a ninguna familia, quiero unirme a alguna para competir por el deseo de Rune.
Un silencio se formó, la cantante se inclinó un poco… no podía confiar en cualquier chico sin algún antecedente, pero había de confesar que sentía cierta lástima y atracción por el ciego, y ella había justo conocido a la mafia perfecta, los Valverde
.
–Bien, levántate y enséñame de que eres capaz. – Mia hizo a un lado su asiento llamando a su hada lista para luchar.
Nombre: Isabella Ende
Edad: 17 años
Raza: Humana
Poderes: Magia negra, alquimia.
Canción: Endless Despair ~ Daisuke Ishiwatari - Blazblue Continuum Shift
-¡Eres una rara!- gritó una niña aventando una piedra sin remordimiento alguno a mi cabeza antes de llegar a mi pequeño hogar, vivimos en un suburbio en Toronto, Canadá.
-No... no soy rara, dice mi mamá que soy especial - le contesté con algunas lágrimas en mis suaves, delicados e inocentes ojos...
Recuerdo bien esa escena, tenía 8 años, mi mejor amiga estaba conmigo, apoyándome, siempre lo hacía, éramos inseparables, hasta... ese momento en que mis descuidos... controlaron mi destino.
Salimos corriendo huyendo de los infames que nos atacaban, alejando las pequeñas casas de nuestra vista. Nos detuvimos un segundo y ella me susurró, lo único que contesté, mientras escondíamos entre arbustos, fue: -Mi mamá dice que no le debo de decir a las demás personas.
-Pero... la gente no va diciendo esas cosas, yo vi en la televisión que te van a quemar.
-Nadie me va a quemar- sonreí cómicamente mientras nos acercábamos a mi casa escondidas todavía por la persecusión.
-Haz un truco de magia- pidió deteniendo el paso y colgando su cuerpo de una manga de mi suéter negro.
Me detuve con ella, negué con la cabeza y ella se dio la media vuelta dispuesta a irse indignada al no querer hacerle caso..
-¡Espera!- grité desesperada alzando uno de mis dedos y liberando una especie de rayo sobre ella... y ahí espero, por siempre, echa piedra, ese fue el día más triste de mi vida, no sabía qué hacer, llamé a mi madre pero dijo que por ser una niña no podría controlar los distintos niveles de magia que tenía, por lo tanto, la había matado, para siempre.
Han pasado nueve años, no me he vuelto a relacionar con alguien, aunque... nadie ha intentando relacionarse conmigo, todos sabían que Alexandra había estado conmigo ese día, sabían que iba a ir a mi casa, sabían que había desaparecido... llena de culpa y con gran cariño le voy a ver lo más frecuente posible, casi todos los días, dice mi madre que probablemente me escuche dentro de la capa de piedra; dejé mis poderes a un lado, no los puedo soportar, no quiero perder a nadie más.
En mi vida se puede decir que la soledad abruma cada segundo, ocasiones en las que tengo que trabajar con alguien en la escuela prefiero no tener calificación o intentar hacerlo sola, hago todo así, es mi manera, de vez en cuando le pido ayuda a mi madre y ella, de mala gana, me ayuda, nunca he ido a fiestas ni algo similar, mmi vida de ermitaña surgió por mi imprudencia.
Ese día entré al salón cautelosamente sentándome en el rincón derecho, a mi lado se sentó Lavanda, el chico mas guapo de todo el salón según muchas chicas, es mas, no del salón, de toda la escuela, piel blanca, cabello negro, intentando ser hardcore, pero no tiene nada de hardcore, es pura pose... ojos azules, pero se ponía lentes de contacto violetas, obviamente se le veían hermosos, era una maravilla el chico en cuestión física... pero no tenía ni una pizca de lo que nosotros llamamos cerebro.
-Hola- me saludó sin miedo alguno, lo cual me sorprendió. Antes de contestar volteé detrás de mí pero lógicamente no había banca o compañero alguno, arqueé una ceja.
-Hola... – respondí desconfiada de su actitud hacia mi, siempre había dicho que yo era una pinche bruja hija de satán... y ahora me saluda como si nada entre nosotros dos hubiera pasado.
-¿Qué pasa, porqué me miras así?- me preguntó bastante sorprendido abriendo el único ojo que se le asomaba entre el cabello.
-Me sorprende que me hables, eso es todo.
-¿Cómo no hablarle a una chica que cada día se pone más linda? Es casi imposible. - se acomodó en su silla, seguro tenía hambre y necesitaba un plato fresco para echarlo a la cama.
-Sí, gracias por el cumplido pero en tantos años nunca me habías saludado.
-Es que... Es difícil de explicar... - contestó riendo y jugando un poco con sus manos en un estado de nerviosísmo, suspiró y se acercó a mi - ¿Te puedo decir un secreto? – murmuró vigilando que nadie estuviera tan cerca para vernos, asentí y me acerque más a él para que se sintiera en confianza, sus ojos me decían que podía hacerlo, podía confiar en él, algo me dice que creo saber lo que pasa...
-Mira... todos piensan cosas de mí... estoy harto de eso, no puedo estar a gusto en el colegio, todos creen que por ser “lindo” acepto a cualquier chica, te puedo asegurar que soy virgen... pero me molesta como se lo toman las chicas al verme, como si yo fuera un dios... ¡patrañas! Soy un chico normal que quiere amigos y amigas, en todo este tiempo he convivido con las mismas personas, día tras día... no es de todo placentero... sus pensamientos superficiales, su estúpida música... yo te iba a pedir que por favor fueras... mi amiga, tú pareces ser la única que no se derrite conmigo, que no te da pena hablarme, eso me agrada de ti, contigo puedo ser quien en verdad soy... – su rostro se tornó triste, me dieron ganas de abrazarle y decirle que le iba a apoyar, pero no podía bajar tan rápido mi guardia, una siempre debe estar atenta en estas situaciones.
-¿Por qué no intentamos conocernos? – le sonreí sacando uno de mis cuadernos ya que el profesor llegaría en cualquier momento.
-Muchas gracias – me sonrió e imitó el acto, justo el profesor entró.
Terminó el día sin dirigierle la palabra pues ordas de mujeres hambrientas se abalanzaban en contra del pobre, aparte de que sus amigos le solicitaban frecuentemente, llegué a mi casa y seguio todo normal, no esperaba que me volviera a hablar.
-Isabella... – susurró ella, mi madre, entrando a mi cuarto mientras cepillaba mi largo y lacio cabello negro frente a un espejo.
-Madre, no es hora de uno de tus sermones – suspiré, siempre hacía lo mismo antes de irme a la escuela, entiendo que sólo se preocupa por mi, pero a veces exagera más de la cuenta. Forme un mal gesto para que se retirara de mi habitación, pero no lo hizo, se quedó ahí parada.
Sin importarme me levanté para arreglar las cosas de mi colegio, sonreí al ver un dibujo que me regaló Alexandra de cuando éramos niñas, me seguía doliendo, pero no podía estar toda la vida con lo mismo, tenía que seguir, estoy segura que a ella le hubiera encantado que yo siguiera adelante y que no me deprimiera.
-No te dejaré ir... – se plantó en la puerta, no me dejaba bajar.
-Madre, tengo Ecología en veinte minutos y si no llego a tiempo el profesor no me dejará entrar, ¿te mueves?
-No lo haré mi querida Bella- me abrazó pegándome a su pecho, solo suspiré, ¿Ahora que le pasaba?
-Bien... ¿Qué quieres?
-Hoy, hoy quiero que traigas a alguien a comer o cenar, a estar contigo, aquí en tu cuarto... –dijo inspeccionando mis aposentos, pintados de negro con carteles de bandas de blackened death metal en ellas, mi preferida, Belphegor, tapizaba la pared, pero no eran los únicos, había algunos carteles con sangre y frases, lemas, de vida.
-Ni lo pienses... – me aparté riendo- puedes subir la estatua de Alex... – Sin importarme bajé las escaleras rápidamente cuando la vi aparecer delante de la puerta sonriendo.
-Que chistosa- me dijo con cara de pocos amigos- anda muchacha, ya ve a la escuela.
Sonrió, me sacó de la casa y le contesté la sonrisa, uniéndome a la fila de alumnos que se disponían a ir a la preparatoria. Mi madre llevaba mucho tiempo con el mismo asunto de tener amigos, no me molesta, pero a veces siento que ella se llega a poner mucho más triste que yo por esto... lo podía intentar con Lavanda si es que no mentía, ahora que lo pienso... nunca quiero ser madre y ver que me hija tiene problemas con las demás personas.
Llegué a la escuela sonriendo, cosa rara en mi, no iba bien con mi aspecto, con mi ropa negra, generalmente gabardinas y mi cabello negro, con pulseras de mis grupos favoritos, con estoperoles adornando mi brazo, collares de picos en mi cuello. Los demás sólo se quedaban viendo mi estúpida sonrisa. Fue suficiente de intentar ser la chica buena y regresé al gesto de pocos amigos. Suspiré.
No vi llegar a Lavanda, asomándome en la ventana a primera hora noté como sus amigos le molestaban para que se saliera de clases... probablemente se habrán ido a drogar, fumar, alcoholizar... poco me importaba lo que fuera de sus vidas. Entró a la última clase y se sentó a lado como lo había hecho el día anterior, no tuve tiempo de platicar con él, a veces intercambiábamos miradas y sonrisas pero nada más; tenía ganas de enviarle un papel con algún chiste o preguntarle dónde había estado, al menos para amenizar algún momento pues las clases se tornaban aburridas y el profesor seguía hablando.
Al salir me hizo una seña para que lo esperara discretamente, salió del salón y todas suspiraron al notar su extremadamente delgado cuerpo mientras que enseñaba los bóxers que salían de su entubado pantalón negro. Salí un poco después que él, me preguntaba a donde se había ido, lo busqué por varias partes, no lo encontré... decidí no ir a casa tan temprano, así que fui a la biblioteca a leer un poco.
-Sabía que vendrías aquí – sonrió saliendo de uno de los estantes de libros más frecuentados por mi.
-¿Ahora me espías? – le pregunté retándolo.
-Para nada, pero te he visto aquí varias veces, eso es todo.
Después de sentarnos un rato a leer los dos me cansé de estar en compañía de él, no hablaba, él leía, pero algo me hacía sentirme incómoda.
-Disculpa... – le interrumpí la lectura apartando mi libro de mi rostro – ¿Gustarías ir a mi casa a comer?
-¿Yo?- preguntó sorprendido abriendo de nuevo el único ojo que le podía ver.
-Claro que sí – no solamente me daría gusto por él, sino por mi madre, que justo hoy quería que yo socializara.
-Me parece perfecto ir a conocer a mi suegra, aunque a esta hora ya sería cena – dijo en tono picaresco y riendo un poco, al principio me enfadé pero después vi que lo decía de broma.
Estuvimos un momento más, tranquilos, leyendo, cada vez me sentía más a gusto con él hasta que acabó el capítulo del libro que leía y me dijo que estaba listo, agarramos nuestras mochilas y rápidamente nos dirigimos a mi casa en donde toqué el timbre no recibiendo respuesta.
Mi madre se asomó unos minutos después de que yo volviera a tocar tres veces el timbre como histérica, suspiró y me abrió la puerta viendo a mi invitado sorprendida con unas cuantas lágrimas, vi unas maletas en la puerta de la casa, nos agarró del brazo y nos metió rápidamente.
-¿Qué te pasa? – le pregunté ignorando un poco a Lavanda que estaba un poco nervioso por la cara de mi madre.
-Hija... te tienes que ir...
-¿Pero por qué? Ya hice amigos como tú me pediste.
-Hola señora – saludó Lavanda tranquilo.
Ella volvió a suspirar, vio a Lavanda, cerró los ojos y asintió con la cabeza.
-Isabella... están los caza brujas cerca y nos están buscando cariño...
-¡Cool! – gritó Lavanda emocionado, con una sonrisa en el rostro y no conociendo la gravedad del asunto.
-Nada de "cool" – le repliqué espantada por el hecho de que Lavanda supiera la verdad... pero él parecía haber reaccionado bastante bien.
-Te marchas ahora mismo – me ordenó mi madre viendo mis maletas.
-¿Y tú? – le pregunté asustada al ver sólo dos maletas, conociendo a mi madre llevaría otras dos.
-Yo... no podemos irnos las dos cariño, sería muy riesgoso – me dijo con un pequeño abrazo, sentía que ya me sacaba de la casa con las maletas por el sentimiento que se impregnó en la muestra de cariño.
-Si quieren me voy en este momento... o puedo ir a buscar a estos cazadores y golpearlos, no dejaré que nadie les haga nada malo... yo he estado viendo a Isabella y sé bien que no es una mala chica, y mucho menos usted es una mala madre, haré lo que me pidan.
-Lavanda... – me reí y lo abracé, él contestó mi abrazo.
-Gracias Lavanda pero... Isabella, amor... quiero que te vayas ya – me dijo mi madre sacando tickets de avión.
-¿A dónde?
-Te inscribí en un internado, dicen que es muy bueno, espero lo disfrutes, tu vuelo sale mañana... pero yo quiero que esta noche te quedes en el aeropuerto, así estarás rodeada de gente segura.
-No madre, me quedaré al menos esta noche, Lavanda cenará con nosotros ¿cierto?
-Claro que sí, y si no les molesta quisiera saber un poco más de ustedes, prometo no decir nada... como Isabella sabe... no tengo muchos amigos.
Mi madre sonrió y asintió, nos dijo que subiéramos a mi cuarto mientras ella preparaba la cena, estuve platicando un poco con Lavanda de la música que nos gustaba, él era totalmente diferente a como yo lo imaginaba, no era pose, él era verdadero. Después de eso siguieron las incómodas preguntas que cualquier bruja debe afrontar cuando un amigo suyo se entera y le parece entretenida esa cultura pagana.
-No... no decimos “hocus pocus” – le dije riendo mientras que estábamos los dos en mi cama viendo al techo.
-¿Escobas? – me preguntó.
-Eso es cierto, si usamos escobas.
-¿Sombreros puntiagudos y caldero?
-Bien... los sombreros puntiagudos son un traje típico y el caldero lo usamos para alquimia.
-Suena bastante interesante todo esto...
-Lo sé... – reí.
-Entonces... ¿Cuál es la magia?
-En su tiempo lo verás... – me volví a reír, era fascinante estar con un amigo.
Nos llamarpm a cenar y bajamos rápidamente, fue una comida de tres bastante agradable, Lavanda no dejaba de hacer chistes, se llevaba muy bien con mi madre, yo sólo me reía de las tonterías que decían ambos.
-Lavanda quédate a dormir – le pidió mi madre agarrándole la mano.
-No creo que mis padres se molesten... – rió.
Y así fue, Lavanda se quedó a dormir en mi habitación, le ofrecí mi cama pero la negó, durmió en el suelo, tenía confianza en que no haría algo malo.
Sin previo aviso ruidos de fuertes golpes nos despertaron, algo estaba pasando...
-¿Qué es eso que suena? – preguntó Lavanda un poco alterado levantándose rápidamente del piso y haciéndome una señal para que me quedara ahí.
Su cara de pánico inundó mi rostro también, vi como una multitud lo empujó de la puerta entrando a mi habitación y agarrándolo fuertemente, golpeándolo varias veces mientras que él se intentaba defender.
Los hombres tenían capuchas negras, no se veía el rostro de ninguno, supe que eran los caza brujas... los golpes pasados... seguro mi madre... no... ahora debía concentrarme en mí, se aventaron a la cama intentando atraparme, pero los pude evitar fácilmente, eran un poco lentos, pero no pude rescatar a Lavanda se lo llevaban encadenado, seguro no lo tomaban por brujo, debían de saber distinguirlos.
Salí rápidamente de mi habitación y me metí a la de mi madre donde nunca debí de haber entrado, la vi en la cama totalmente desnuda y desangrada, con su propia sangre escrita en la pared “BRUJA” y una cruz, quería llorar, vomitar, tenía rabia dentro de mi, me aventé sin usar escaleras cayendo de pie, agarré las maletas que estaban en la puerta junto con el boleto al internado pero uno de ellos me interceptó con un látigo. Fijé mi vista en el enemigo y, con mi cuerpo temblando de rabia, expulsé una llamarada con las manos carbonizándolo por completo.
Con más control en mi salí rápidamente al patio trasero y vi una de las escobas que utilizábamos, los caza brujas venían detrás lanzándome hechizos que me debilitaban pero no debía perder, no ahora, emprendí el vuelo en mi escoba alejándome lo más posible posándome debajo de la luna con mi dignidad pisoteada, las lágrimas no paraban de salir de mi rostro, todavía alcancé a ver a Lavanda lidiando con algunos de ellos.
-¡Lavanda! – le grité mientras me regresaba, sorprendido se agarró de mi escoba y nos alejamos lo más rápido posible.
Al llegar al aeropuerto nos sentamos esperando a que terminara el día... la sorpresa fue encontrar que mi madre tenía dos boletos...
-Seguro... te pensaba dar una sorpresa... ir contigo... – me dijo mi amigo abrazándome.
Alex. Madre. Esto va por ustedes, iré al internado con Lavanda, pero algún día volveré, para vengarte a ti, mi creadora, y por ti, mi mejor amiga que me brindó un su mano cuando todos me trataban mal.
Nombre: Yune
Edad: 18 años
Región: Región de arena (Nombre pendiente)
Estilo: Monagasque - Ninja
Arma: Cuchillos
Canción: Don't Piss me Off ~ SoundTemp - RagnarokOnline
Una hija de la calle, entre los tumultos y las pequeñas casas de la región de arena se escondía robando un poco de comida de los ambulantes que ofrecían su mercancía. Nadie la notaba. Se tenía que andar con mucho cuidado en la oscuridad en la que siempre erraba.
Su nombre: Yune. Sus padres... no los conoció, una pandilla del desierto la recogió y la crió, la especializaron en las formas más extravagantes de robo, pero siempre teniendo cuidado de no involucrar físicamente a las personas afectadas. Nunca se le enseñó a tomar un arma, ni siquiera cuando los patrulleros del castillo le amenazaban con hacerla pedazos la próxima vez que la encontrarán robando la comida ajena... Era ya una costumbre verla como una acechadora entre toda la gente, cada año que pasaba ella se volvía más notoria, tenía que darse cuenta que ya estaba dejando de ser una niña y que la gente perdería la lástima por ella. Tenía que encontrar otra forma de vivir.
Con el paso del tiempo las cosas comenzaron a ponerse más agresivas; a esa edad ya no estaba segura de insultos, golpes, y posiblemente otras cosas, los hombres que resguardaban la ciudad la dejaban de ver como la frágil huérfana y la ponían más como una criminal a la cual pueden castigar si infringe las reglas. Comenzó a entrenar para defenderse y poder contestar cada golpe que recibía...
-Yune ¿Has pensado en convertirte en una misionera? Podrías ganar dinero, comprar lo que se te antoje, y no sólo comer lo que puedes robar...
Esa frase que había escuchado en su cueva siempre le retumbaba en la mente, no recordaba ni siquiera quien se lo había dicho, pero definitivamente le causaba una revolución mental... Sin dudarlo al siguiente día se fue a inscribir como misionera de la región de arena.
Le explicaron tantas cosas, no entendía casi nada; lo más rescatable era la oportunidad de salir a su antojo de la región y de aniquilar a todo aquel que esté fuera de las murallas que delimitan la ciudad. Todo sonaba exquisito, lo único que tal vez podría causarle problemas era el hecho de, ciertas ocasiones, necesitar compañeros para salir, pues pensaban que era mejor salir acompañado por la seguridad de cada uno de los que trabajaban en eso tan peligroso.
La primera vez que mató a uno de esos alacranes gigantes que atacaban brutalmente a las afueras de la ciudad se sintió como nunca antes, una felicidad le embriagaba, había aprendido mucho a pesar de salir de la batalla con rasguños y probablemente una pierna envenenada. Había podido desatar el odio que años había resentido a todo aquel que le dejó y abandonó... Con los cuchillos que le habían regalado sus camaradas todo era más fácil, sumando un estilo de pelea liviano y callejero, con gran elegancia, como una chica debe de ser, sentía que podía hacer pedazos a cualquiera.
Se empezó a acostumbrar, salir por algunas hierbas, partes de animales, o simplemente un poco de agua, lo que sea que le pidieran... Sí, a veces sentía que ahora estaba bajo las órdenes de un régimen, pero no era tan grave; cada que le recompensaban era un deleite para todos en la cueva, llevaba de la mejor comida que podía y los nuevos integrantes le tenían gran respeto.
Un día, sin razón aparente, empezó a sentir que algo le faltaba. Sentada en el desierto veía sus armas, sus cuchillos. En parte ya no era ella, ahora vestía de una manera más decente, tenía una gran familia en su cueva, ya nadie tenía que estar mal viviendo, pero sentía que necesitaba hacer más y más, nada era suficiente para complacer a las personas que amaba, tenía que existir alguna otra manera para asegurar que ellos estarían bien, por más que buscaba algo no lo encontraba, se sentía vació dentro de su pecho, no quería fallarles...
-¡Elizabeth!- escuchó la voz de un muchacho, gritó como si la mencionada fuera a morir. Yune se levantó a prisa y notó al instante una gran figura que se rodeaba de tormentas de arena y dos misioneros que yacían casi vencidos frente a él. La criatura alada les veía con extrañeza.
La ladrona de los desiertos se lanzó en contra de la manticore, que atacaba la vida de aquellos, con su cola de alacrán, de manera lenta y poco precisa, hechos que le daban más ventaja a Yune pues su fortaleza era su rápidez y agilidad. Pudo terminar rápidamente con la mounstrosidad sin ayuda de nadie, ya era una gran luchadora.
-Muchas gracias... - le dijo apenas en susurros el joven que tenía en brazos a su compañera desvanecida.
-No me agradezcas hasta que la salvemos, ese veneno debe ser de lo más peligroso que existe.
Sin duda aquel encuentro sería el más importante de toda su vida. Aquellos muchachos no eran simples misioneros, al hablar profundamente con ellos supo que conocían más de lo que se le permitía a cualquier mortal; un grupo de misioneros empezaban a reunirse para revelarse antes creaciones divinas. La vida en manos del ser todo poderoso se salían de sus manos, y la única forma de evitarlo era... destruir aquel mundo por completo.
-Y... ¿Si me uno a su resistencia? - preguntó Yune ya cuando estaban los tres en los aposentos de la joven del desierto.
-No te podemos dar nada material... pero ¿No acaso lo que quieres es la felicidad y bienestar de aquellos que te rodean? De tu familia - contestó el muchacho.
No había tiempo para pensarlo, el fin del mundo se acercaba velozmente, así que sin el menor titubeo Yune dejó una nota en su casa, para que cuando su familia regresará la viera. Lo único que decía era "Voy a buscar nuestra felicidad". Así fue como la ladrona del desierto se unió a los merodeadores.
Bueno dejaré unas rápidas reseñas de cada una de mis obras. No es algo muy elaborado pues... es sólo para ubicar en contexto a los personajes que iré subiendo poco a poco.
Marauders
Pareciera como si todo en el mundo estuviera normal. Cada quien en su reino disfrutando de la vida, cada quien en su trabajo. Nadie se preocupa por otro pues no hay la necesidad de hacerlo.
Las divisiones son en reinos, naciones con diferente elementos y limitaciones, fuera de la muralla de cada una de estas hay tremendos monstruos que esperan devorar a cualquiera que salga.
Aquí el principal sustento de las familias son los jóvenes, chicos entrenados en diferentes oficios que en salen en diversas misiones que se les encomiendan por la nación. De ahí obtienen una recompensa que puede ser en dinero o en materia, todo aquí es útil pues sus vidas son muy tranquilas.
Pero algo ya no está bien, cada vez hay menos susurros en los bosques, el silencio es más prolongado y nadie quiere apagarlo... las criaturas fuera de las ciudades han ido disminuyendo y asesinatos han estado ocurriendo... lo único que queda siempre son plumas de ave... ¿o de ángel?
Un grupo de muchachos empieza a descifrar los misterios del fin del mundo. Algo grande aguarda y este sólo es el principio de una serie de eventos que todos ellos querrían evitar. Pero una vez inmiscuidos ya no hay vuelta atrás.
Estado:
-Bien planteada
-Personajes ubicados
-Desarrollo de la historia: 25%
¿Se necesita para Stalkers?
Sí. Esencial.
Nostalgia
Una afamada escuela en una isla a mitad del mundo; sólo los niños hijos de familias ricas o poderosas pueden asistir, que estén dispuestos a dejarlo todo ahí pues es un instituto de alto rendimiento, ya que se explota a los muchachos y no se les pide el 100%... se les pide más.
¿Habrá un mensaje oculto en esas palabras? Claro que lo hay... pues hechos infernales aguardan ahí y un grupo de de alumnos intenta averiguar que está pasando.
El hecho más raro de todos es ver criaturas oscuras como alumnos, desde vampiros, hombres lobos, hasta incubos y sucubos que tienen más de una razón para estar ahí... ¿Qué es lo que tramará el director Ezel con esta secta de no humanos?
Sólo tengo permitido decir que una serie de insanidades están por ocurrir ahí.
Estado:
-Bien planteada
-Personajes ubicados. Puede haber más.
-Desarrollo de la historia: 40%
-+18
¿Se necesita para Stalkers?
Sí
Amethyst
Él ha cobrado muchas personas en este mundo, ningún alma se salva de las garras de aquel que dicta el destino de cada una de las esencias que en la Tierra se desarrolla.
Su contraparte ha estado moviendo sus piezas en el trablero, Él tenía que empezar a hacer algo. Empezó mandando pequeños demonios para recolectar a aquellos que parecieran más valiosos, pero nada parecía funcionar, por lo que empezó a impulsar la oscuridad.
El pequeño ejército ya estaba formado, estaban los elegidos de representarlo, pero tenían que participar en un torneo para demostrar quien era el más fuerte de ellos.
Estado:
-Planteada
-Personajes ubicados
-Desarrollo de la historia: Indeterminable
¿Se necesita para Stalkers?
Sí
Desastre
Una guerra se suscita cada noche en esta pequeña ciudad perdida, en un mundo en el que todos son acompañados por hadas que reflejan el alma de cada uno. Sin hada no hay humano, sin humano no hay hada.
¿Pero por qué una guerra? Una orda de mafias se desencadena cada que el manto oscuro envuelve a la ciudad. Se dice que cuando una de las mafias elimine a todas las demás un objeto de corte divino aparecerá, y podrán pedir todo lo que ellos quieran... todo...
La familia Valverde es nueva en la ciudad, ¿Quiénes son? Se dice que jóvenes que no tienen experiencia alguna, habrá que ver de que están hechos...
Estado:
-Planteada pero abierto a otras ideas.
-Personajes ubicados.
-Desarrollo de la historia: 5%
¿Se necesita para Stalkers?
Sí
Ignorancia
Un perdido social cae en lo peor que podía hacer en toda su vida, o tal vez no fue el hecho, sino el que ya media comunidad estaba cansado de él. Teniendo que pagar los cargos tiene que hacer un servicio a su pequeño pueblo... Su madre encontró el perfecto, como ayudante en una clínica.
Llegando ahí se ve reacio a la idea de tener que estar cuidando a cada uno de ellos, pero distinto a lo que creía sólo se le asignó un paciente. Un pequeño chico que poco sabe de la vida, su tiempo se va al estar acostado, leyendo comics o dibujando... además de ver el mundo exterior desde su pequeña ventana, es todo lo que sabe y puede hacer.
La amistad se empieza a forjar pero una serie de eventos les aguarda...
Una obra llena de tragedias, de confusiones, de la búsqueda de la felicidad sin importar lo que los demás digan.
Estado:
-Bien planteada
-Personajes ubicados.
-Desarrollo de la historia: Indeterminable
¿Se necesita para Stalkers?
No necesariamente.
Miedo
¿Cuánto puede negar un chico lo que es? ¿Cuánto puede resistirse a que entren en su corazón? Peor aún para él si pareciera que aquella persona le corresponde. Sería sólo un sueño, una ilusión... o sólo tiene que abrir los ojos y darse cuenta que las cosas pasan por algo.
Debe de dejar todas sus costumbres a un lado para que su corazón empiece a derretir el hielo que le cubre...
Estado:
-Planteada. Abierto a ideas.
-Personajes Ubicados. Abierto a ideas.
-Desarrollo de la historia: 30%
¿Se necesita para Stalkers?
No.
Stalkers
No puedo decir nada de esta por el momento.
Estado: -Planteada. Ideas muy dispersas. -Personajes Ubicados. Faltan. -Desarrollo de la historia: -100%