Explicación

Poco a poco iré agregando los retratos de los personajes. Sólo espero las vacaciones y verán las maravillas que haré :3

Gracias por su atención. Att. Lunir

-Trabajando en "Amethyst: Melany"-
-Actualizado: "Mis obras"-

martes, noviembre 23, 2010

Nostalgia: Isabella Ende




    Nombre: Isabella Ende
    Edad: 17 años
    Raza: Humana
    Poderes: Magia negra, alquimia.
    Canción: Endless Despair ~ Daisuke Ishiwatari - Blazblue Continuum Shift

  -¡Eres una rara!- gritó una niña aventando una piedra sin remordimiento alguno a mi cabeza antes de llegar a mi pequeño hogar, vivimos en un suburbio en Toronto, Canadá.

  -No... no soy rara, dice mi mamá que soy especial - le contesté con algunas lágrimas en mis suaves, delicados e inocentes ojos...

        Recuerdo bien esa escena, tenía 8 años, mi mejor amiga estaba conmigo, apoyándome, siempre lo hacía, éramos inseparables, hasta... ese momento en que mis descuidos... controlaron mi destino.

        Salimos corriendo huyendo de los infames que nos atacaban, alejando las pequeñas casas de nuestra vista. Nos detuvimos un segundo y ella me susurró, lo único que contesté, mientras escondíamos entre arbustos, fue: -Mi mamá dice que no le debo de decir a las demás personas.

  -Pero... la gente no va diciendo esas cosas, yo vi en la televisión que te van a quemar.

  -Nadie me va a quemar- sonreí cómicamente mientras nos acercábamos a mi casa escondidas todavía por la persecusión.

  -Haz un truco de magia- pidió deteniendo el paso y colgando su cuerpo de una manga de mi suéter negro.

    Me detuve con ella, negué con la cabeza y ella se dio la media vuelta dispuesta a irse indignada al no querer hacerle caso..

  -¡Espera!- grité desesperada alzando uno de mis dedos y liberando una especie de rayo sobre ella... y ahí espero, por siempre, echa piedra, ese fue el día más triste de mi vida, no sabía qué hacer, llamé a mi madre pero dijo que por ser una niña no podría controlar los distintos niveles de magia que tenía, por lo tanto, la había matado, para siempre.

    Han pasado nueve años, no me he vuelto a relacionar con alguien, aunque... nadie ha intentando relacionarse conmigo, todos sabían que Alexandra había estado conmigo ese día, sabían que iba a ir a mi casa, sabían que había desaparecido... llena de culpa y con gran cariño le voy a ver lo más frecuente posible, casi todos los días, dice mi madre que probablemente me escuche dentro de la capa de piedra; dejé mis poderes a un lado, no los puedo soportar, no quiero perder a nadie más.

    En mi vida se puede decir que la soledad abruma cada segundo, ocasiones en las que tengo que trabajar con alguien en la escuela prefiero no tener calificación o intentar hacerlo sola, hago todo así, es mi manera, de vez en cuando le pido ayuda a mi madre y ella, de mala gana, me ayuda, nunca he ido a fiestas ni algo similar, mmi vida de ermitaña surgió por mi imprudencia.

    Ese día entré al salón cautelosamente sentándome en el rincón derecho, a mi lado se sentó Lavanda, el chico mas guapo de todo el salón según muchas chicas, es mas, no del salón, de toda la escuela, piel blanca, cabello negro, intentando ser hardcore, pero no tiene nada de hardcore, es pura pose... ojos azules, pero se ponía lentes de contacto violetas, obviamente se le veían hermosos, era una maravilla el chico en cuestión física... pero no tenía ni una pizca de lo que nosotros llamamos cerebro.

  -Hola- me saludó sin miedo alguno, lo cual me sorprendió. Antes de contestar volteé detrás de mí pero lógicamente no había banca o compañero alguno, arqueé una ceja.

  -Hola... – respondí desconfiada de su actitud hacia mi, siempre había dicho que yo era una pinche bruja hija de satán... y ahora me saluda como si nada entre nosotros dos hubiera pasado.

  -¿Qué pasa, porqué me miras así?- me preguntó bastante sorprendido abriendo el único ojo que se le asomaba entre el cabello.

  -Me sorprende que me hables, eso es todo.

  -¿Cómo no hablarle a una chica que cada día se pone más linda? Es casi imposible. - se acomodó en su silla, seguro tenía hambre y necesitaba un plato fresco para echarlo a la cama.

  -Sí, gracias por el cumplido pero en tantos años nunca me habías saludado.

  -Es que... Es difícil de explicar... - contestó riendo y jugando un poco con sus manos en un estado de nerviosísmo, suspiró y se acercó a mi - ¿Te puedo decir un secreto? – murmuró vigilando que nadie estuviera tan cerca para vernos, asentí y me acerque más a él para que se sintiera en confianza, sus ojos me decían que podía hacerlo, podía confiar en él, algo me dice que creo saber lo que pasa...

  -Mira... todos piensan cosas de mí... estoy harto de eso, no puedo estar a gusto en el colegio, todos creen que por ser “lindo” acepto a cualquier chica, te puedo asegurar que soy virgen... pero me molesta como se lo toman las chicas al verme, como si yo fuera un dios... ¡patrañas! Soy un chico normal que quiere amigos y amigas, en todo este tiempo he convivido con las mismas personas, día tras día... no es de todo placentero... sus pensamientos superficiales, su estúpida música... yo te iba a pedir que por favor fueras... mi amiga, tú pareces ser la única que no se derrite conmigo, que no te da pena hablarme, eso me agrada de ti, contigo puedo ser quien en verdad soy... – su rostro se tornó triste, me dieron ganas de abrazarle y decirle que le iba a apoyar, pero no podía bajar tan rápido mi guardia, una siempre debe estar atenta en estas situaciones.

  -¿Por qué no intentamos conocernos? – le sonreí sacando uno de mis cuadernos ya que el profesor llegaría en cualquier momento.

  -Muchas gracias – me sonrió e imitó el acto, justo el profesor entró.

    Terminó el día sin dirigierle la palabra pues ordas de mujeres hambrientas se abalanzaban en contra del pobre, aparte de que sus amigos le solicitaban frecuentemente, llegué a mi casa y seguio todo normal, no esperaba que me volviera a hablar.

  -Isabella... – susurró ella, mi madre, entrando a mi cuarto mientras cepillaba mi largo y lacio cabello negro frente a un espejo.

  -Madre, no es hora de uno de tus sermones – suspiré, siempre hacía lo mismo antes de irme a la escuela, entiendo que sólo se preocupa por mi, pero a veces exagera más de la cuenta. Forme un mal gesto para que se retirara de mi habitación, pero no lo hizo, se quedó ahí parada.

    Sin importarme me levanté para arreglar las cosas de mi colegio, sonreí al ver un dibujo que me regaló Alexandra de cuando éramos niñas, me seguía doliendo, pero no podía estar toda la vida con lo mismo, tenía que seguir, estoy segura que a ella le hubiera encantado que yo siguiera adelante y que no me deprimiera.

  -No te dejaré ir... – se plantó en la puerta, no me dejaba bajar.

  -Madre, tengo Ecología en veinte minutos y si no llego a tiempo el profesor no me dejará entrar, ¿te mueves?

  -No lo haré mi querida Bella- me abrazó pegándome a su pecho, solo suspiré, ¿Ahora que le pasaba?

  -Bien... ¿Qué quieres?

  -Hoy, hoy quiero que traigas a alguien a comer o cenar, a estar contigo, aquí en tu cuarto... –dijo inspeccionando mis aposentos,  pintados de negro con carteles de bandas de blackened death metal en ellas, mi preferida, Belphegor, tapizaba la pared, pero no eran los únicos, había algunos carteles con sangre y frases, lemas, de vida.

  -Ni lo pienses... – me aparté riendo- puedes subir la estatua de Alex... – Sin importarme bajé las escaleras rápidamente cuando la vi aparecer delante de la puerta sonriendo.

  -Que chistosa- me dijo con cara de pocos amigos- anda muchacha, ya ve a la escuela.

    Sonrió, me sacó de la casa y le contesté la sonrisa, uniéndome a la fila de alumnos que se disponían a ir a la preparatoria. Mi madre llevaba mucho tiempo con el mismo asunto de tener amigos, no me molesta, pero a veces siento que ella se llega a poner mucho más triste que yo por esto... lo podía intentar con Lavanda si es que no mentía, ahora que lo pienso... nunca quiero ser madre y ver que me hija tiene problemas con las demás personas.

    Llegué a la escuela sonriendo, cosa rara en mi, no iba bien con mi aspecto, con mi ropa negra, generalmente gabardinas y mi cabello negro, con pulseras de mis grupos favoritos, con estoperoles adornando mi brazo, collares de picos en mi cuello. Los demás sólo se quedaban viendo mi estúpida sonrisa. Fue suficiente de intentar ser la chica buena y regresé al gesto de pocos amigos. Suspiré.

    No vi llegar a Lavanda, asomándome en la ventana a primera hora noté como sus amigos le molestaban para que se saliera de clases... probablemente se habrán ido a drogar, fumar, alcoholizar... poco me importaba lo que fuera de sus vidas. Entró a la última clase y se sentó a lado como lo había hecho el día anterior, no tuve tiempo de platicar con él, a veces intercambiábamos miradas y sonrisas pero nada más; tenía ganas de enviarle un papel con algún chiste o preguntarle dónde había estado, al menos  para amenizar algún momento pues las clases se tornaban aburridas y el profesor seguía hablando.

    Al salir me hizo una seña para que lo esperara discretamente, salió del salón y todas suspiraron al notar su extremadamente delgado cuerpo mientras que enseñaba los bóxers que salían de su entubado pantalón negro. Salí un poco después que él, me preguntaba a donde se había ido, lo busqué por varias partes, no lo encontré... decidí no ir a casa tan temprano, así que fui a la biblioteca a leer un poco.

  -Sabía que vendrías aquí – sonrió saliendo de uno de los estantes de libros más frecuentados por mi.

  -¿Ahora me espías? – le pregunté retándolo.

  -Para nada, pero te he visto aquí varias veces, eso es todo.

    Después de sentarnos un rato a leer los dos me cansé de estar en compañía de él, no hablaba, él leía, pero algo me hacía sentirme incómoda.

  -Disculpa... – le interrumpí la lectura apartando mi libro de mi rostro – ¿Gustarías ir a mi casa a comer?

  -¿Yo?- preguntó sorprendido abriendo de nuevo el único ojo que le podía ver.

  -Claro que sí – no solamente me daría gusto por él, sino por mi madre, que justo hoy quería que yo socializara.

  -Me parece perfecto ir a conocer a mi suegra, aunque a esta hora ya sería cena – dijo en tono picaresco y riendo un poco, al principio me enfadé pero después vi que lo decía de broma.

    Estuvimos un momento más, tranquilos, leyendo, cada vez me sentía más a gusto con él hasta que acabó el capítulo del libro que leía y me dijo que estaba listo, agarramos nuestras mochilas y rápidamente nos dirigimos a mi casa en donde toqué el timbre no recibiendo respuesta.

    Mi madre se asomó unos minutos después de que yo volviera a tocar tres veces el timbre como histérica, suspiró y me abrió la puerta viendo a mi invitado sorprendida con unas cuantas lágrimas, vi unas maletas en la puerta de la casa, nos agarró del brazo y nos metió rápidamente.

  -¿Qué te pasa? – le pregunté ignorando un poco a Lavanda que estaba un poco nervioso por la cara de mi madre.

  -Hija... te tienes que ir...

  -¿Pero por qué? Ya hice amigos como tú me pediste.

  -Hola señora – saludó Lavanda tranquilo.

    Ella volvió a suspirar, vio a Lavanda, cerró los ojos y asintió con la cabeza.

  -Isabella... están los caza brujas cerca y nos están buscando cariño...

  -¡Cool! – gritó Lavanda emocionado, con una sonrisa en el rostro y no conociendo la gravedad del asunto.

  -Nada de "cool" – le repliqué espantada por el hecho de que Lavanda supiera la verdad... pero él parecía haber reaccionado bastante bien.

  -Te marchas ahora mismo – me ordenó mi madre viendo mis maletas.

  -¿Y tú? – le pregunté asustada al ver sólo dos maletas, conociendo a mi madre llevaría otras dos.

  -Yo... no podemos irnos las dos cariño, sería muy riesgoso – me dijo con un pequeño abrazo, sentía que ya me sacaba de la casa con las maletas por el sentimiento que se impregnó en la muestra de cariño.

  -Si quieren me voy en este momento... o puedo ir a buscar a estos cazadores y golpearlos, no dejaré que nadie les haga nada malo... yo he estado viendo a Isabella y sé bien que no es una mala chica, y mucho menos usted es una mala madre, haré lo que me pidan.

  -Lavanda... – me reí y lo abracé, él contestó mi abrazo.

  -Gracias Lavanda pero... Isabella, amor... quiero que te vayas ya – me dijo mi madre sacando tickets de avión.

  -¿A dónde?

  -Te inscribí en un internado, dicen que es muy bueno, espero lo disfrutes, tu vuelo sale mañana... pero yo quiero que esta noche te quedes en el aeropuerto, así estarás rodeada de gente segura.

  -No madre, me quedaré al menos esta noche, Lavanda cenará con nosotros ¿cierto?

  -Claro que sí, y si no les molesta quisiera saber un poco más de ustedes, prometo no decir nada... como Isabella sabe... no tengo muchos amigos.

    Mi madre sonrió y asintió, nos dijo que subiéramos a mi cuarto mientras ella preparaba la cena, estuve platicando un poco con Lavanda de la música que nos gustaba, él era totalmente diferente a como yo lo imaginaba, no era pose, él era verdadero. Después de eso siguieron las incómodas preguntas que cualquier bruja debe afrontar cuando un amigo suyo se entera y le parece entretenida esa cultura pagana.

  -No... no decimos “hocus pocus” – le dije riendo mientras que estábamos los dos en mi cama viendo al techo.

  -¿Escobas? – me preguntó.

  -Eso es cierto, si usamos escobas.

  -¿Sombreros puntiagudos y caldero?

  -Bien... los sombreros puntiagudos son un traje típico y el caldero lo usamos para alquimia.

  -Suena bastante interesante todo esto...

  -Lo sé... – reí.

  -Entonces... ¿Cuál es la magia?

  -En su tiempo lo verás... – me volví a reír, era fascinante estar con un amigo.

    Nos llamarpm a cenar y bajamos rápidamente, fue una comida de tres bastante agradable, Lavanda no dejaba de hacer chistes, se llevaba muy bien con mi madre, yo sólo me reía de las tonterías que decían ambos.

  -Lavanda quédate a dormir – le pidió mi madre agarrándole la mano.

  -No creo que mis padres se molesten... – rió.

    Y así fue, Lavanda se quedó a dormir en mi habitación, le ofrecí mi cama pero la negó, durmió en el suelo, tenía confianza en que no haría algo malo.

    Sin previo aviso ruidos de fuertes golpes nos despertaron, algo estaba pasando...

  -¿Qué es eso que suena? – preguntó Lavanda un poco alterado levantándose rápidamente del piso y haciéndome una señal para que me quedara ahí.

    Su cara de pánico inundó mi rostro también, vi como una multitud lo empujó de la puerta entrando a mi habitación y agarrándolo fuertemente, golpeándolo varias veces mientras que él se intentaba defender.

    Los hombres tenían capuchas negras, no se veía el rostro de ninguno, supe que eran los caza brujas... los golpes pasados... seguro mi madre... no... ahora debía concentrarme en mí, se aventaron a la cama intentando atraparme, pero los pude evitar fácilmente, eran un poco lentos, pero no pude rescatar a Lavanda se lo llevaban encadenado, seguro no lo tomaban por brujo, debían de saber distinguirlos.

    Salí rápidamente de mi habitación y me metí a la de mi madre donde nunca debí de haber entrado, la vi en la cama totalmente desnuda y desangrada, con su propia sangre escrita en la pared “BRUJA” y una cruz, quería llorar, vomitar, tenía rabia dentro de mi, me aventé sin usar escaleras cayendo de pie, agarré las maletas que estaban en la puerta junto con el boleto al internado pero uno de ellos me interceptó con un látigo. Fijé mi vista en el enemigo y, con mi cuerpo temblando de rabia, expulsé una llamarada con las manos carbonizándolo por completo.

    Con más control en mi salí rápidamente al patio trasero y vi una de las escobas que utilizábamos, los caza brujas venían detrás lanzándome hechizos que me debilitaban pero no debía perder, no ahora, emprendí el vuelo en mi escoba alejándome lo más posible posándome debajo de la luna con mi dignidad pisoteada, las lágrimas no paraban de salir de mi rostro, todavía alcancé a ver a Lavanda lidiando con algunos de ellos.

  -¡Lavanda! – le grité mientras me regresaba, sorprendido se agarró de mi escoba y nos alejamos lo más rápido posible.

    Al llegar al aeropuerto nos sentamos esperando a que terminara el día... la sorpresa fue encontrar que mi madre tenía dos boletos...

  -Seguro... te pensaba dar una sorpresa... ir contigo... – me dijo mi amigo abrazándome.

    Alex. Madre. Esto va por ustedes, iré al internado con Lavanda, pero algún día volveré, para vengarte a ti, mi creadora, y por ti, mi mejor amiga que me brindó un su mano cuando todos me trataban mal.